DANA

DANA

Tantos años llenando espacios. Ella, elegante de movimientos y miradas. Su andar de distinción y gracia dejando a su vez un halo de ternura. Paso firme sin titubeos, melena cobriza brillante que  refleja su fuerza, su simpleza, una simpleza bella.

Es Dana, sibarita y exquisita. Una compañera de paseos a la orilla del mar, a la orilla de cualquier espacio, pero compañera sin más. Dana, siempre tan callada, voluptuosa  en sus llegadas, pero entendía que era la exageración de una juventud que pasó a la velocidad de un Ave, no ddsc_0383e las que tienen alas, sino de aquellos que pasan por la estación y tiemblan hasta las despedidas en los andenes, desde Atocha a Santa Justa pasando por Córdoba- Central.

Su  nariz húmeda, sus manos calientes y como se  acurruca a mi lado y siento latir su corazón, sonando como un motor de perfección, carburando sentimientos tan suyos, tan nuestros.

El tiempo ha pasado, el cobrizo ha dejado espacio a lo cano, y tus ojos negros brillantes se han cubierto de membranas que los llenan de una especie de tristeza y dolor quizá, o quizá sea sabiduría de todo lo observado y no dicho.

No has perdido elegancia, pero tu presencia es famélica y me miras pidiendo descansar. No Dana, no. No lo hagas. Porque yo sigo siendo quien te ha querido así, en silencio y en todas las etapas. Cuando te sentías libre de mis preceptos  y ahora que no apoyas tus manos en mi pecho cuando llego a casa.

No son reproches Dana, es el dolor el que habla. Porque no quiero que te vayas. Porque quién le contará al niño que ya no volverá a verte cada mañana.

Pero  verte así, desvalida y  sin más palabras. Y sin dilemas morales ni ética que valga. Sin egoísmos personales propios de la raza, la mía.

Mañana, una aguja, 15 cm bastarán para decirte adiós. Para despedirme para siempre. Dejarás de mirar a través de membranas. Esa combustión de cariño que bombeaba tu corazón irá poco a poco cambiando de marchas, como en casa, cuando apagamos las luces al dormir, ¿recuerdas Dana? No tengas miedo, sin sufrir, con dignidad. Como mereces, como merecemos. Y por el niño no te preocupes, le he dicho que vas a reencontrarte con tus padres, que los necesitas tanto como él a los suyos. No me mires así, es muy pequeño para hablarle de muerte, y mucho menos para que entienda de morir dignamente.

Mientras la aguja atraviesa la fina vena de Dana, ella tiene una última palabra y exhaló su último ladrido, un aullido leve de descanso que yo interpreto como gracias.  ¡Hasta siempre Dana!

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6 Comments on DANA

  1. Que dulce relato, ¿triste? Pues si pero es normal siempre que desaparece un ser querido.

    • Muchísimas gracias,unos compañeros fieles que han pasado a formar parte de nuestras familias.

    • La tristeza forma parte de nuestra vida, así es. Tanto que su pérdida nos deja un gran vacío. Por eso cada día es más importante ser conscientes de que estamos vivos aquí y ahora.

  2. belleza y bondad con los mejores amigos de la raza humana. Sencillamente precioso.

  3. Nunca dejas de sorprendernos

    Genial

    Besitossss

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