ONDINA- Respirar

Ondina

Antes me gustaba el color azul, en su tonalidad cian me parecía la novena maravilla del  universo.

Es el color de la literatura, de los pintores, Van Gogh supo con sus trazos irregulares pintar un cielo  magistral, magistral de maestro y magistral de magia, la magia que dejó para la historia  en su “Noche Estrellada”.

Yo, Marisa la de Taco, soy así. Paso de estar horas tirada en el sofá viendo  “Sexo en Nueva York”, a quedar en éxtasis con lo sublime del mejor pintor impresionista que haya parido madre.

Pero ya no puedes gustarme azul cian. Porque me has jodido pero bien. Porque el azul fue el color con el que nació Paula. Después de horas de parto y dolor de Silvana, que siempre recordará que el color de su hija al nacer fue azul cian. Así que se terminó, no más odas al azul.

Paula estaba enferma. Síndrome de Ondine. Es curioso, pero detrás de una mierda de enfermedad hay una historia de mitología germánica que contar.

Ondina era una ninfa de agua que al enamorarse de un humano perdía su inmortalidad. Éste le juró amor eterno y le prometió que cada vez que respirara su amor por ella sería más férreo. Pero, al igual que mi Fede, le fue infiel a la ninfa y ella conjuró una maldición; si alguna vez se quedaba dormido olvidaría respirar y moriría. En lugar de una ninfa, Ondina era una bruja, porque qué mayor tortura que no te dejen dormir.

Pues hoy, he conocido esta noticia, la de Paula y el drama que viven sus padres por el diario ‘El País’.

“Paula tiene dos años, no puede dormirse sin avisar, porque si lo hace no despertará jamás”, leo en el titular.

“Paula juega con un peluche y le conecta un tubo y una máquina imaginaria”, leo entre párrafos.

Silvana, su madre, explica que antes de dormir, la niña necesita un respirador, le tienen que poner un tubo en su garganta, que le lleva aire a sus pequeños pulmones, y conectarlo a una máquina.

La niña, de noche se mueve a veces, el tubo se desconecta de su tráquea y la máquina emite un leve pitido que avisa a sus padres que deben acudir a colocarlo para que  Paula pueda seguir respirando, para que Paula pueda seguir viviendo.

Su madre cuenta que vive con miedo, con miedo a acostumbrarse a ese sonido, y no despertarse. Si no lo hace su hija puede morir.

Y yo, aquí llorando, engordando comiendo helado y viendo en bucle una serie insustancial, machista y llena de todos los “istas” que puedo odiar.

Llorando por un memo  con miedo al compromiso y con síndrome de Peter Pan. Que me puso los cuernos y me mentía de forma descarada. Llorando porque mi último libro, aquel que presenté hace pocos meses no vende un carajo.

Y leo esto, joder. ¿Pero no hay otra forma de ayudar a esta familia?

Y la respuesta que he encontrado es que sí, vale que mi capacidad es corta, pero mientras siguen encontrando una cura para la enfermedad de Paula. Yo he encontrado una solución para que su madre pueda dormir tranquila. Porque si se desconecta la máquina de la niña no oirá más ese leve sonido al que cualquiera se podría acostumbrar.

He comprado un ipod, he hablado con el hospital de Paula y han adaptado su conector para la máquina. He grabado más de 5.000 canciones, que se reproducirán de manera automática cuando el respirador de la niña se desconecte y sonará la música en la habitación de Silvana y Roberto, sus padres, a través de unos altavoces. Está regulado para que suene de manera gradual, poco a poco. Y no parará hasta que se vuelva a conectar el respirador a Paula.

Sé que esto no cura, pero la música suele calmar.

Se podría pensar que Marisa, una escritora de escaso éxito, de  Taco con aspiraciones a vivir en un loft en Manhattan, inmersa en plena crisis sentimental y personal. Con poco de bohemia y mucho de soñadora poco gusto tiene para elegir las canciones adecuadas para esta familia que tanto necesita de nuevos aires. Pero qué coño, así soy yo. Como les he contado navego fácilmente entre la frivolidad de Bridget Jones  y la maestría de Van Gogh.

Así que un voto de confianza no me vendría nada mal  en estos momentos por favor.

Y ya que estamos, que compren mi libro evitaría que acabara con las existencias de helado, chocolate ahora que hace frío y que acabe con una diabetes enorme y una autoestima ínfima.

Es lo que hay, así soy yo, ya saben, Marisa la de Taco.

 

*Enlace noticia de ‘El País’ a  la que hace referencia el relato: http://politica.elpais.com/politica/2016/01/14/actualidad/1452778254_331737.html

4 Comments on ONDINA- Respirar

  1. Que bonita y a la vez que cruel la historia.

    • Así es, ojalá esa familia encuentre una solución real y Paula y todos los afectados por el Síndrome Ondine una cura para su enfermedad.Muchas gracias por comentar.?

  2. Me gusta ese final y me gusta la voz de Marisa la de Taco. Enhorabuena Isabel.

    • Muchas gracias. Estoy intentando coger la voz del personaje de Marisa para que crezca y darle un poco más de protagonismo. A ver qué va surgiendo. Mil gracias. 🙂

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*