FUNAMBULISTA DE ACERAS

'imagen elefante funambulista'

Una fotografía tamaño carnet con fondo blanco. Puedes pensar que salvo para identificarte para poco más sirve. Pero a mí me lleva a un determinado momento. Un momento en el que por la imagen sé que me estaba perdiendo.

Una mirada ausente, sin brillo. Dos ojos marrones que parecen pintados por un artista experto en el vacío, un experto en no dar el más mínimo atisbo de vida.

Una media sonrisa forzada, que al observar pacientemente hasta desaparece, se difumina. La piel fina, grandes marcas que dibujan un rostro que se está marchitando, como lo hace una rosa a los pocos días, hasta que se pudre, hasta que se seca.

Unos labios ligeramente maquillados pero que no consiguen dar un punto de luz al cuadro falso. Y una larga melena, a dos colores, quebradiza y escasa, hueca, como un nido de pequeños pájaros  hecho con prisas.

Esa soy yo, la de esa foto de carnet, que parece sacada de un cartel de prófuga de la justicia. Pero en realidad, de lo que era prófuga era de mi propia vida.

fotografía tipo carnet que describe relato

Medicada hasta las cejas caminaba por las calles como  una funambulista, las aceras eran mi alambre, el asfalto el vacío.

Ponerte la camiseta y besar el escudo, así era yo en aquella empresa. Dar todo lo que tienes, hasta enfermar, hasta llegar a ese día al que me evoca esta imagen, esta fotografía en la que parezco  desaparecer. Donde te quitan todo de golpe, hasta la voz. De noche, con alevosía. Sin despedidas ni homenajes. Y en tu cara ya difuminada, con ojeras pintadas a carboncillo porque tu conciencia pesaba más que el sueño. Porque te criaron con la cultura del esfuerzo. Te dicen que ya no sirves, que vales menos que un euro.

Y pasaron los meses, hasta el día en el que ni tan siquiera un potente  flash dio brillo a mi rostro decadente, y al revelar salió esta imagen, en la que aparezco casi diluida.

Hoy todo es distinto. Porque volví a caer en la trampa, pero antes de ponerme la camiseta, y mucho antes de dar, empecé a recibir dosis de realidad. Me decían que hasta la mierda olía mejor que yo, y claro, responsable sí, pero gilipollas no.

Miro una fotografía  actual. Tengo unos mofletes que dan ganas de pellizcar, las marcas siguen donde estaban, pero aparecen  cuando la sonrisa es de verdad. Los ojos tienen un brillo que hacen de espejo, y si te fijas puedes ver en ellos a quién está detrás sacando esta instantánea de normalidad. En la cabeza, en lugar de un nido tengo algo parecido a cabello, es cierto que ya asoman canas, pero me recuerdan que no debo olvidar.

No puedo obviar que en lugar de caminar parece que reboto, pero mientras ese pequeño detalle se soluciona, sueño con que Rubens y su canon de belleza vuelven a estar de moda y soy yo una de sus musas. Y me puede pintar en uno de esos cuadros donde no había sonrisas forzadas ni miradas perdidas, sino belleza, alegría y color.

1 Comment on FUNAMBULISTA DE ACERAS

  1. Como el ave fénix. Enhorabuena.

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