DUDAS RAZONABLES

DUDAS RAZONABLES

“En la duda ha crecido siempre el mejor arte”, así termina un artículo de opinión de Luciano Egido de ‘El País’ publicado en 2005. Pues si es cierto, sólo me falta el talento, porque dudas tengo a pares, de las existenciales y las banales. Sí, banales. Esas que al final tienen respuestas. Cierto es que con mejor o peor acierto. ¿Qué coño me pongo hoy?, ¿hará frío?, ¿café solo o cola zero?  Pero imagino de don Luciano no se refería a estas dudas, y mucho menos que de estas surgiera ningún tipo de expresión artística, o vaya usted a saber.

Porque hoy en día  te grabas un vídeo. De fondo una cama sin hacer, hablas raro, bueno, raro no, hablas mal y dices: “se les voy a enseñar cómo ligarse a una muchacha”, ahí, con tu cara de pánfilo y tus patadas al diccionario de la santísima academia de nuestro señor de la RAE, amen, y listo, arte. Puro arte, 50 mil seguidores en las redes, te entrevistan en los programas, y te nominan al premio ‘mejor emprendedor cinco punto cero’.

Y yo sigo aquí, navegando en un mar de dudas. Las banales ya las conocen, pero las existenciales… Esas son las que realmente absorben mi energía. Y no, no me pregunto de qué están hechos los youtubers, porque quizá lo que me corroe sea la envida. Y esa sí que es una de mis dudas. ¿Soy envidiosa?  Si lo soy, ¿nací así?, o me he convertido en lo que soy por la sociedad y mis circunstancias.

¿Es el ser humano bueno por naturaleza? Dime si ante tanta atrocidad nunca lo has pensado. Dime si crees que desde los actos más pequeños de moral impúdica, hasta los más deleznables que nos azotan, y todos culpa de la destrucción provocada por nuestra raza, por nuestra condición, nunca te has preguntado qué nos ha llevado hasta aquí. Hasta este preciso momento.

El filósofo Jean Jacques Rousseau , en el siglo XVIII , afirmó que el ser humano era bueno por naturaleza, que una vez que nacemos nos formamos una moral, un carácter dependiendo de cientos de elementos que pueden ir desde nuestro lugar de nacimiento, religión, círculo cercano, educación , raza o clase social. En cambio, mucho antes, otro filósofo, Hobbes, era totalmente contrario a su teoría, y decía que éramos malvados y crueles de nacimiento.

En la era moderna, donde todo se puede medir, hasta las reacciones de nuestro cerebro, el profesor de psicología Marc Hauser, autor del libro ‘La mente moral’, dice que “nacemos con un instinto moral, una capacidad que crece de forma natural en cada niño. Parte de este mecanismo fue diseñado por la mano ciega de la selección darwiniana hace millones de años antes de que nuestra especie evolucionase”.

Este profesor y otros científicos, han realizado numerosos experimentos, donde observan el comportamiento humano, poniéndolos en situaciones como elegir entre salvar a cinco  personas sacrificando a una, o viendo cómo actúa su cerebro ante imágenes de niños hambrientos o mujeres maltratadas.

En todos los casos, en grandes porcentajes, el ser humano es incapaz de sacrificar a una persona, aunque sea por un bien común, y su cerebro reacciona de una determinada manera ante imágenes que les hieren.

Pero al hacer este experimento con personas que tienen dañado la parte del cerebro que se encarga de la elaboración de juicios morales, estos eligieron de otra forma, y sí que sacrificaban a una persona sin pensarlo y no reaccionaban ante imágenes hirientes.

Quizá la idea del bien y del mal venga dada por la concepción religiosa de que el ser humano fue creado por dios, a su imagen y semejanza, por lo tanto es bueno por naturaleza.

Quizá no exista en nosotros ni el bien ni el mal al nacer. Esto quiere decir que venimos impolutos, limpios de polvo y paja. Y todo, absolutamente todo es aprendido. Pero debe ser que hay ciertas personas que aprenden mal, porque la corrupción, el terrorismo, el asesinato, Trump, Rajoy,  el racismo, la xenofobia, la violencia, joder. Menos mal que existe la solidaridad, el amor, el arte, el sexo, la felicidad, la familia, las sonrisas, no sé si compensa. Lo dudo.

Lo que está claro, es que, en caso de juicio, esta  es una ‘duda razonable’.

Y si antes estaba en un mar de dudas, ahora parezco naufragar entre ellas.

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