RELATO DE LO COTIDIANO

relato de lo cotidiano

Hoy no es de esos días especialmente radiantes para dar un paseo. Es un día gris y frío.

Mi mañana ha empezado como un relato cotidiano de una persona que se encuentra de baja, y ocupa su tiempo en recuperarse. Entrar a detallar en qué consiste la recuperación abarcaría demasiados temas, uno de ellos ya tratado y la verdad es que posiblemente terminaría justificándome, porque la mente te juega esas pasadas, es muy puñetera, se los aseguro.

Pues, mi mañana ha empezado en el fisio. Algo que no les he contado es que en 2004 fui intervenida de rotoescoliosis. Una operación  de más de seis horas en la que fijaron mi columna vertebral casi al completo con varas de metal y tornillos rosca chapa. Estos no son los términos médicos para denominar a los artilugios metálicos que usaron, pero es para que se hagan una idea gráfica del asunto.

De aquello recuerdo la noche en la UCI, de que en las primeras horas semiconsciente estaba muy drogada. Y recuerdo el momento de estar en planta.

El primer día fue horrible. Me venían a visitar y notaba en las caras de familia y amigos cómo se descomponían al verme. Recuerdo la primera noche vomitando y solo poder mover la cabeza hacia un lado, y a mi compañera de habitación asustada llamando al personal de enfermería.

Recuerdo al anestesista, que era como un ángel que aparecía muy temprano y me acariciaba la nariz y se enfadaba porque no habían hecho caso a la cantidad o no de morfina administrada.

Recuerdo a mi familia y sus mimos.

Pero eso quedó atrás, y viene al hilo de por qué hoy necesito ir de manera regular al fisio. Que mientras el recompone nos contamos nuestras historias, y así hasta la próxima cita.

También queda de eso los chistes de mi hermano “el chico”: ¡ cuidado!, no te vayas a quedar pegada a la nevera. Y me imagino como un imán gigante que se va quedando pegado allí por donde pasa. Y las risas. Y lo cotidiano.

Pues hoy mientras iba de vuelta a casa se me activó esa antena de la que siempre hablaba en sus clases de escritura en la Escuela Literaria  la maravillosa Antonia Molinero.

Y hacía mucho tiempo que no me pasaba. Oía las conversaciones de las personas que pasaban por mi lado.

Una mujer que hablaba por el móvil con una amiga, o eso imaginé, le pregunta por su hermana. Parece que su hermana está en Fitur. Y le dice que parece que hay una buena armada. Le cuenta que la gente va caminando al lado de las barricadas de los taxistas en huelga, que lo ha visto en la tele. Todo esto, creo que se lo cuenta en señal de preocupación por la hermana de su interlocutora. Pero no pude saber más. Me adelantó por la derecha. Y cambió de rumbo.

Y entonces escucho un sonido extraño, viene de la zona inferior del puente que estoy cruzando. En su término hay una pequeña plaza, un banco y dos árboles. Un hombre. Va vestido con ropa vieja, desgastada y bastante sucia. En su cabeza lleva una gorra. Él, en su mundo está lanzando una especie de técnicas al aire con poco acierto y mucho esmero.

Peleando contra un contrincante imaginario. No se ha dado cuenta de que le observo.

Me recuerda al karate. En especial a la modalidad de katas. Qué por qué, pues esto es otra cosa de la que tampoco les he hablado. Pero el karate ha formado parte de mi vida. Y en la de mi familia más cercana. Algún día quizá escriba de eso, o no.

Pues pienso que a lo mejor alguna vez lo practicó.  Y para que no me vea y no molestarle sigo mi camino.

Tan sólo unos minutos después escucho unas voces, femeninas. Una bonita melodía. Parece un coro. Pero no de iglesia. Algo de otro tono. La canción habla de amor. No consigo recordar el verso.

Busco de dónde vienen esas voces. Pero ahora sólo hay silencio.

Vuelvo a escuchar , misma melodía, tono y canción. Pero ahora voces masculinas. Es un ensayo. Me voy moviendo persiguiendo las notas que brotan en el aire. Y cuando creo que he llegado al lugar, silencio.

Y en ese preciso instante, en el que vuelvo a caminar, comienzo a pensar en los carnavales, para ser exactos en las murgas.

Un pensamiento que dura un instante y que ha hecho que haya desconectado mi antena del mundo exterior.

Estoy en la puerta del ascensor. Cuando se abre sale mi vecino. Nos damos los buenos días y me doy cuenta de que he llegado a casa.

“Observar lo cotidiano, escuchar lo que te rodea, vivir de puertas al mundo, quizá ahí fuera estén realmente las historias que merezcan ser contadas, a lo mejor no soy yo quien tenga la prosa o el verso para convertirlo en literario, pero mientras tenga algo que contar, aunque sea un relato de lo cotidiano, y un espacio donde compartirlo, para qué más”

8 Comments on RELATO DE LO COTIDIANO

  1. Cosas cotidianas…. Pero que dicen mucho.
    Muy bueno

  2. Excelente artículo. Es cierta tu reflexión sobre la importancia de lo cotidiano.

  3. Que b bueno. Enhorabuena!!!

  4. Ser observadora! Qué maravilla!! eso es a mi juicio, sentirse VIVA ??. Te felicito Isabel, qué sorpresa, dar contigo en este medio y leerte. Un fuerte abrazo y mi más profunda admiración!?

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